Pequeña Beth
La pequeña señorita Elisabeth vivía encima de la colina, Bethie como la llamaba su mamá de niña. Cada noche el borracho de su marido le pegaba una paliza y ella no lloraba sino que contenía sus lágrimas. Las noches se hacían cortas y que tristes transcurrían los días.
Bethie bebió aquella noche lo mismo que su marido, el mastuerzo, y como en una alucinación le rajó la tripa. Ella reía viendo como sollozaba mientras se le escapaba la vida, y la pequeña Bethie el futuro con la sangre de las vísceras de su marido leía.
Una semana después vino la policía y a Bethie preguntaban por su marido, contestó que era un borracho, algo que ya se sabía, que se fue a por tabaco y que le había dejado porque ya no volvía pero que era más feliz y que si antes lo sabía lo hubiera matado ella misma, fue su única mentira ya que era la asesina.
La policia se encogió de hombros y así se quedó el caso archivado, ¡caso cerrado!, sentenció el comisario.
Y ahora en las noches de luna llena Bethie bebe tequila y le grita al cielo y a las estrellas y corre desnuda por la colina.
Todos sus vecinos le llamaba la loca Bethie, con lo guapa que era de niña.
Bethie reía porque conocía su destino, lo había leído en aquellas tripas, y era más feliz siendo la viuda loca de la colina.

May 28, 2007 — jio

Muy Becqueriano. Es una bonita historia.
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