Lorenzo el sepulturero

He enterrado por mis manos tiernos niños, delicias de sus mayores; mozos robustos, descanso de sus padres ancianos; doncellas hermosas, y envidiadas de las que quedaban vivas; hombres en lo fuerte de su edad, y colocados en altos empleos; viejos venerables, apoyos del Estado… Nunca temblé. Puse sus cadáveres entre otros muchos ya corruptos, rasgué sus vestiduras en busca de alguna alhaja de valor; apisoné con fuerza y sin asco sus fríos miembros, rompíles las cabezas y huesos; cubrílos de polvo, ceniza, gusanos y podre, sin que mi corazón palpitase…, y ahora, al pisar estos umbrales, me caigo…, al ver el reflejo de esa lámpara me deslumbro…, al tocar esos mármoles me hielo…, me avergüenzo de mi flaqueza; no la refieras a mis compañeros. ¡Si lo superan, harían mofa de mi cobardía!

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De la primera noche, de las Noches Lúgubres de José Cadalso.
Para esta noche de todos los Santos.

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Sonrisa de María

Esta es la bitácora personal de Emilio Jio

Oh Tempora! Oh Mores!
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