El lenguaje de dios
La única tarea de Adán en el Edén había sido inventar el lenguaje, ponerle nombre a cada criatura y cada cosa. En aquel estado de inocencia, su lengua había ido derecha al corazón del mundo. Sus palabras no habían sido simplemente añadidas a las cosas que veía, sino que rebelaban su esencia, literalmente les daban vida. Una cosa y su nombre eran intercambiables. Después de la caída, esto ya no era cierto. Los nombres se separaron de las cosas; las palabras degeneraron en una colección de signos arbitrarios; el lenguaje quedó apartado de Dios. La historia del Edén, por lo tanto, no sólo narra la caída del hombre, sino la caída del lenguaje.
Paul Auster, de su trilogía de Nueva York, La Ciudad de Cristal.
Post anterior de Sonrisa – Cayendo – Adaptación a viñetas.

No soy pirata
Buenas,
No sería revelar o hay sutilezas y juegos de palabras que se me escapan, todo puede ser.
unzu!!!!! a ver si quedamos un día (copónnnn)