Archivo de la categoría ‘Citas’
Pequeño vals vienés – Take this waltz
En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.
Este vals, este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.
Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.
En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados,
hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.
Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals, este vals del “Te quiero siempre”.
En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orillas tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.
Federico Garcia Lorca.
1. Versión de Enrique Morente y Lagartija Nick (mi versión favorita) del imprescindible disco Omega.
2. Versión de Ana Belén – De su disco Lorquiana.
3. Take this waltz de Leonard Cohen.
Fumar es un placer y la salud es lo primero
–Siga recto hasta que encuentre un bar. Luego es la segunda a la izquierda. ¿No tendra un pitillo que me dé? Los médicos me han prohibido fumar, por eso no llevo tabaco encima. Nunca me prohibieron bajar a la mina, pero ahora me han prohibido fumar, ¿Qué le parece?
–No les haga caso –dije por decir algo–; la salud es lo primero.
El laberinto de las aceitunas, Eduardo Mendoza.
Venenos de yumenos
-Los venenos que toman los yumenos producen un efecto muy semejante al del no dormir y no soñar -dijo Heben, que había sido esclavo en Central y en Campamento Smith-. Los yumenos se envenenan para poder soñar. Yo vi las caras de los soñadores después de tomar los venenos. Pero ellos no podían llamar a los sueños, ni gobernarlos, ni entretejerlos, ni modelarlos, ni dejar de soñarlos; eran arrastrados, dominados por los sueños. Lo mismo le ocurre a un hombre que no ha soñado durante muchos días. Aunque sea el más sabio de su Albergue, igual estará loco, de tanto en tanto, por momentos, y durante mucho tiempo después de esa experiencia. Será arrastrado, esclavizado. No se comprenderá a sí mismo.
¿Eres un robot?
No haré tal cosa. Tú has definido el ser humano como un objeto que tiene todas las propiedades de un ser humano. Si estás convencido de que yo tengo todas esas propiedades, entonces, la discusión acabó. Tenemos la definición operacional y huelga todo lo demás. A fin de cuentas, ¿cómo puedo yo saber que tú no eres más que un robot indistinguible de un ser humano?
Fundación y tierra – Isaac Asimov.
http://www.asimovonline.com – Te puedes descargar la saga de la Fundación en la Biblioteca virtual Patagónica.
Internet afecta a nuestro cerebro
“Un cibernauta puede tener una mente más rápida y automática, pero es menos riguroso y profundo en su pensamiento”.
“El uso cada vez mayor de Internet ha hecho que seamos más sofisticados con lo visual-espacial. Pero esas ganancias disminuyen la capacidad para el procesamiento profundo, reflexión e imaginación”.
“Los hábitos de la gente cuando navega por Internet se mantienen cuando ya no está frente al computador”.
“No se puede satanizar a la tecnología sino al uso que se le da”
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En los últimos años Nicholas Carr, un experto en literatura y lenguaje de la Universidad de Harvard, empezó a notar que sus hábitos cognitivos no eran los mismos de antes.
Vida inanimada
Nadie puede concebir la amalgama de sentimientos que se apoderó de mí como un huracán, llevado por el primer entusiasmo que resulta del éxito. La vida y la muerte me parecían límites ilusorios que ante todo debía romper para dejar que fluyera un torrente de luz en nuestro oscuro mundo. Una nueva especie bendeciría como a su creador y a su origen. Esas magníficas y felices criaturas naturales estarían en deuda conmigo por haberles concedido el ser. No habría padre en la Tierra que pudiera exigir la gratitud de su hijo con el mismo fervor que yo merecía. Siguiendo el hilo de tales reflexiones, pensaba que, si podía otorgar la vida a la materia inanimada, con el tiempo quizá podría devolver la vida a los cuerpos que la muerte parecía haber consagrado a la corrupción (aunque en la actualidad sé que eso es imposible).
Mary Shelley – Frankenstein o el moderno Prometeo.
La sonrisa de Juan Luis agotando sus existencias

Muy majetes los cuentos del Maquinista; hasta agotar existencias. Reconozco que me esperaba algo distinto pero el Juan Luis periodista deja paso al escritor, con una máscara muy distinta.
Tío… ¡Has matado a Fofito!, con sus aventuras con Ocaña me recordó mucho a varios episiodios de mi propia vida con otro personaje similar, historietas de fantasmas (el que más me ha gustado), Fabián con su divertida aventura de bar, con el oro lo fácil que es engañar a la gente…
Y una extraña fijación con los números, con los que enumera posibilidades o razones, como en un esquema con el que posteriormente citará la lección.
No conviene olvidar las razones jurídicas en este tipo de enlaces. Mientras el avión despega, recuerdo mis investigaciones en el derecho penal vigente. He dedicado horas de biblioteca a conocer la pena que me espera en el caso de ser descubierto. También he conseguido distinguir entre asesinato y homicidio. Después de este proceso, he llegado a una conclusión: en lo que a muertes se refiere, hay una oferta muy clara; “tres por dos”, como en el supermercado. Matas tres y pagas dos. Así lo dicen los artículos 138, 139 y posteriores del vigente Código Penal.
Con la Ley Penitenciaria no he podido. Pero, según dicen, es benévola y con una interpretación amplia. Llegado el caso, confiaré en mi abogado.Esta es la novena razón de las 14 para matar a Alejandro Finisterre.
El Maquinista comiéndose un calippo con dignidad.
También le regalé unas existencias agotadas a Pedro Perico, aquel que se fue al monte y se lo llevó un pico, aquel que me dice siempre en los bares que cada uno a su vicio y no por leer mucho te vueves más listo.
La sangre del mes que viene. Un cuento de Quim Monzó sobre María.
Durante el reinado del buen rey Herodes vive en el áspero pueblo de Nazaret una mujer llamada María, casada con un carpintero afable, José.
Una magnífica mañana de primavera, el arcángel Gabriel visita a la mujer y le dice: «Dios te ha concedido su gracia, María; el Señor está contigo».
Las palabras del alado la aturullan. ¿Por qué saluda con tanto protocolo? El arcángel habla: «Dios ha decidido que tendrás un hijo; lo llamarás Jesús».
A María le cuesta entender qué quiere decir por eso el arcángel se lo repite: «ningún miedo, María. Dios te ha concedido la gracia de un hijo; lo llamarás Jesús».
Pero María se niega en redondo. «¿Cómo que no?», se desconcierta el arcángel. María no se vuelve atrás: «Ni hablar. No estoy de acuerdo. No tendré ese hijo».
La sangre del mes que viene, un cuento de los 19 de Quim Monzó que compone sus Mil cretinos.
Futuras generaciones del futuro
Pocos gobiernos habían mirado jamás más allá de unas elecciones, y pocos individuos más allá de las vidas de sus nietos.
Aunque la Humanidad estuviese sentenciada a muerte, la fecha de ejecución era todavía indefinida. El sol no explotaría durante al menos mil años, ¿y quién podía llorar por la cuadragésima generación?
Arthur C. Clarke. Cánticos de la tierra lejana.
Arthur siempre escribe la palabra Humanidad con mayúscula sin embargo no es así con los dioses. Este Hombre era un gran optimista de las personas, siempre encontraba el camino hacia la salvación y la supervivencia.
El Amadís de Lobeira
En su lugar, pero no para los mismos fines, se encuentra un grueso volumen, con el título amadís de gaula, obra de la que parece que fue autor, como juran algunos eruditos más patriotas, un tal vasco de lobeira, portugués del siglo catorce, aunque la obra sería publicada en zaragoza, en traducción castellana, en mil quinientos ocho por garci rodríguez de montalvo, que le añadió unos cuantos capítulos de aventuras y amores y enmendó y corrigió los antiguos textos. Sospecha el comandante que su ejemplar procede de la cepa bastarda, de una edición de esas a las que hoy llamamos piratas, lo que demuestra de cuán lejos vienen ciertas ilícitas prácticas comerciales.
Amadís de Gaula en la wikipedia.
Aqui comiença el primero libro del esforçado cauallero Amadis – La obra en la Biblioteca Digital Nacional.
Cita del Viaje del elefante de José Saramago – El blog cuaderno de José Saramago.


No soy pirata