Tipología del beso

En este pueblo las personas pueden salir, nacer y crecer como si fueran lechuchas de huerto. En la escena, de noche, cotemplamos a una bella labriega de sinuosas curvas como adiestra a un hombre que le ha salido en su bancal. Se ha enamorado de él y le empieza a adiestrar en las técnicas amatorias.

Tenemos la costumbre de tocarse las manos, apretárselas, juguetear con los dedos.
Y luego vienen los besos. Los besos se dan con los labios y depende de donde beses da más o menos gusto. Se suele empezar de menos a más. Te pongo un ejemplo. Tú me besas a mí en la mejilla. Y eso a mí me gusta. Pero es como si me besara un pariente o un amigo, es decir, como ya tengo costumbre se disfruta menos. Pero luego cierro los ojos y tú me besas los párpados. Pues ahí se ve algo más de amor ¿Entiendes? Porque tú ya no te besas los párpados.

Tcht — El hombre plantado en la tierra hace un sonido de negación todo ensimismado en su cara y en su cuerpo.
Ella continúa con su discurso.
Beso
Primero me besas los párpados. Y luego me besas los labios. (muak). Primero besos pequeñitos. (muak, muak). Y luego besos de morrete. (smuaks, muacks). Y ya los vas dejando más blandos, luego vas apretando por aquí…. Pero ¿qué pasa, por qué te vas para adentro ahora?
El hombre se hunde un poco para la tierra en ese momento.
¡Coño! Pues no me hables de esas cosas, no ves que hago palanca con la punta del pijo y me voy para abajo…

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Con caricias mucho mejor

Es de noche, vemos a dos guardias civiles de la benemérita con capa y tricornio que están haciendo la ronda nocturna por las afueras del pueblo. Cuando de pronto entre la vegetación descubren a una pareja. Se ve de espaldas al muchacho con los pantalones bajados frotándose con la entrepierna de ella.

—¡Alto ahí! ¿qué es eso? —. Grita uno de los guardias; —¿Qué están haciendo?

—Pues ¿no ve usted? —,dice el muchacho. Y le hace un gesto con los dos brazos y las manos hacia adelante y hacía atrás acompañando con un movimiento de ingles al compás.
—¡Eso es! Sin preparar, sin nada… ¡a lo bruto! —Le responde el guardia.
Ahora interviene el otro guardia; —Pero no ves que la muchacha así no va a disfrutar. Esto hay que prepararlo un poco, unas caricias, unos besos aquí y allá, no sé coño, lo que se dice una preparación…
—Claro, ¡animal! —, vuelve a decir el primero.
—Pues esta y yo normalmente lo hacemos así —, dice otra vez el muchacho.
—Venga, venga, acariciala un poco y aprende a hacer las cosas como dios manda, ¡pero pijo!
—Nosotros nos volvemos de espaldas para que estéis más a gusto—.

Y los dos guardias se apartan unos cuatro metros y se giran para mantener la intimidad de la pareja para que continúen con el momento carnal. Ahora pregunta, continuando de espaldas, uno de los guardias a ella:

—¿Te está acariciando?
—Sí —. Responde ella.
—Y a qué es mejor —. Dice con voz paciente el guardia.
—Donde va a parar, mucho mejor —. Concluye ella.

Y finaliza otra escena de la película Amanece que no es poco de José Luis Cuerda.

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Benemérita

Dos agentes de la benemérita que van charlando amistosamente paseando por el pueblo en su tiempo laboral hasta llegar a su destino, que es una cola compuesta por tres personas que están esperando para entrar al bar del pueblo.
El primero de todos, un abuelo vestido con bata y sobre su cabeza una boina para taparse su poco pelo.

–Buenos días–. Dice uno de los agentes a los señores que están guardando cola.
–Buenos días–, responden todos.
–Un poco tarde se nos ha hecho hoy, ¿eh?–, dice el abuelo que está situado en la primera posición.
–Anda, venga don Ramón…
–Todos en la misma fila–, dice el otro agente que se queda acompañando a los que esperan fuera del bar.

–Aquí te traigo al primero–. Le dice el agente que pasa al interior del bar, con el abuelo, dirigiéndose al camarero, que a su vez estaba viendo cantar a la mujer que ameniza el bar con sus cantos.
–Como madrugamos para el vicio, ¿eh abuelo?…- Le dice el camarero cuando ve a su cliente.
–Jejejejeje…- ríe de forma jovial el abuelo.
–Para ir a labrar no se da tanta prisa, ¿eh?- Le vuelve a decir el camarero, mientras le pone un chupito de anís con un vasito ya preparado para tal ocasión encima de la barra.
–Toma que no. Anda que he llegado yo alguna vez tarde al bancal-. Le responde el abuelo al camarero y seguidamente vacía el chupito de un trago rápido. Pone el vaso vacío, el camarero no suelta la botella. Le llenan el vaso.
–Ahora ya porque se me están acabando las de la agricultura–. Se acaba el vasito, dispone el chupito, se vuelve a llenar por acción del camarero.
–Pero me gusta mucho, por ejemplo, escribir a máquina–. Nuevo trago del abuelo. Su tez ya un poco roja desde el principio de la escena se va volviendo un poco más colorada y algo más sonriente. Vaso vacío, se repite la acción del llenado.
–Casi tanto como beber anís, jejejeje, o andar con putas, jijiijijiji- Nuevo trago, y repetición de la acción en rutina ya.
–Lo que pasa eeeess…. que hay menos ocasión–. Dice algo más serio. Y nuevo trago.

Escena de la película Amanece que no es poco.

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Taan, taaan…

Se ven, y además se pueden oir, tañir las campanas de la iglesia del pueblo.
Un monaguillo de unos sesenta años vestido de blanco, con la ropa propia de monaguillo está ante tres chavales subiendo y bajando la cuerda que hace sonar a la campana.

—Taan, taaan… Taan, taaan….. Fijaos bien, taan, taaan…
(3 muchachos le observan detenidamente, uno con sombrero andaluz y dos de ellos anotando en una libreta el ritmo que dicta el monaguillo), taan, taaan… Distancia buena de manos, ni mucha ni poca, taan, taaan…
—¿SI NO APUNTAS COMO ME VAS A MEMORIZAR LUEGO?.
Grita de pronto el monaguillo al muchacho que sólo está mirando al suelo.

Él le contesta:
—Si es que estoy deprimido. Déjeme en paz.

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Minorías étnicas

Va ´Nge ´nDomo caminando por una calle del pueblo haciendo un zigzag con sus pasos. Por el otro lado de la calle viene una mujer que viene de misa.
El encuentro es inminente.
De pronto ´Nge ve a la mujer y pone los brazos en cruz para detener a la mujer.

La dama le dice a la persona de color:
—¡Quitate de enmedio, ¿eh?, qué después del susto que me pegaste anoche y del ridículo que hice delante de todo el mundo por tu culpa…—, lo dice mientras está intentado zafarse del bloqueo de ´Nge y tratar de seguir su camino.
´Nge no está satisfecho con el enfado de la mujer y le pregunta:
—¿Y por qué te hice yo hacer el ridículo?
—Por qué sí —dice con voz cabreada.
—Porque parecía yo una cualquiera, ahí con la Susan esa al lado, esperando a que bajárais el alcalde y tú.
—¿Y qué tiene de malo eso?-, le pregunta ´Nge bloqueándole el camino todavía, —¿o es qué te da vergüenza esperar a un negro?
—No digas tonterías!-, le responde la mujer.
—Porque tú mucha minoría étnica y mucho camelo, pero luego te da vergüenza esperar a un negro.
—Déjame en paz-, responde la mujer zafándose y siguiendo su camino.
´Nge le sigue diciendo quieto donde está;
—Para los coitos si valgo, ¿eh?…. y para bailar parachango.

La mujer se va alejando y mientras comienzan a sonar unos tambores africanos. Un niño se cruza con la anterior dama y se queda mirando como el negro está bailando en la calle con ritmos lentos y dando una vuelta sobre si mismo.

El niño se le queda mirando, con los brazos haciendo jarra, divertido.
´Nge también se le queda mirando con una sonrisa mientras sigue bailando. El niño sin mediar palabra se pone a bailar también.

De pronto se oye una voz, desde el tejado de una de las casas, de un personaje todo vestido de blanco que dice;
—Ccchhhht, ´Nge, te cambio el personaje.
De pronto se paran los tambores y le dice el negro:
—Sois lo más vago y miserable que ahí en la tierra, las serpientes os harían sombra-. El "blanco" se le queda mirando receloso.
El negro sigue hablando:
—Ni siquiera eres negro, ¿cómo vas a hacer mi personaje?

´Nge agarra por el hombro al niño y abrazados se ponen los dos a andar al paso del negro y también en zigzag.
De pronto el niño pregunta: -¿Por qué anda usted en zigzag Don ´Nge?
Y el negro le responde: —Porque así se tarda más en hacer el recorrido y se piensa mejor a dónde va uno hijo.

Y así se alejan caminando por la calle del pueblo los dos.

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¡Hijo mío!

—¡Hijo, hijo! —Grita una mujer saliendo de su casa.

—Mira que todas las tardes las mismas-. Le cuenta un muchacho, de unos 14 años, a otros dos que van con él caminando a su lado por el pueblo.

—¡Saluda mi vida! —Sigue gritando la madre en la distancia.

—¡Que ya voy madre! —. Le responde gritando el muchacho.

—Y todo por hacerse valer, que demasiado saben que no nos pasa nada—. Responde otro de los muchachos.

—¡Carne de mi corazón, hijo mío de mi vida de mi alma y de mis entrañas!—. Una nueva mujer sale gritando desde su casa en pos de su hijo.

—La mía es de las más exageradas desde luego —. Cuenta el tercer muchacho a los otros dos. —¡Qué no grite usted tanto madre, qué se le va a salir el ombligo!— Le contesta a voz en grito a su madre.

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Otra escena de cama

—Tío, ¿qué ha pasado?? Grita la muchacha, metida en su cama, al pasillo, por el que sabe que va caminando su tío, el monaguillo del pueblo, de una edad aproximada de unos 60 años.

—Nada, que el guarda ha traído a Morenco y a Bruno para que los confiese Andrés. Parece ser que el argentino ha plagiado al Faulkner?. Responde el tío de la muchacha mientras se acuesta a su lado.

—¿¿De verdad?? Se ve que la muchacha pide más información que la escueta que le ha dado el señor mayor.

—Si, y a Morenco le ha ardido el culo pensando en una mujer, por el apasionamiento parece… ¡y luego se ha acostado con otra!? Sigue respondiendo a su sobrina.

—De todas maneras para contarme esto no tenías que meterte en mi cama.

—Ay que tonto, pues es verdad, pero ya que estoy aquí…— Y mientras dice esto apaga la luz el tío de la muchacha.

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Mientras amanezca, que no es poco

El médico del pueblo se dispone a dar el diagnóstico al principal allegado del paciente; su hijo.
En segundo plano se queda un señor bastante mayor, que casi se le puede ver dibujada una sonrisa, tumbado en una cama vieja de pueblo.

—¡Se te está muriendo divinamente, te lo juro!
Tenía ganas de que vinieras para poder decírtelo.
Puedes estar orgulloso, ¡de verdad!, de los años que llevo de médico nunca había visto a nadie morirse tan bien como se está muriendo tu padre. Qué irse, qué apagarse, con que parsimonia.
Estoy disfrutando que no te lo puedes ni imaginar…—.

—¿Y él sufre?— pregunta, intercediendo por primera vez, el agricultor que está escuchando al médico.

—A la fuerza, seguro que si, ¿no ves que se le está yendo la vida?

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Examen

En la pizarra, detrás del maestro, se puede leer escrito con tiza: Oxido, nexo sexagenario, auxilio, sexo, exagera, éxtasis, mixto, sexto exágono, ex-alcalde.
El maestro, con voz calmada y sujetando una varilla, se dirige a su audiencia, una clase de niñ@s de una edad visiblemente comprendida entre los 13 y los 15 años en grupo mixto. Al fondo se puede ver a dos personas «mayores» (mayor conforme a la comparación de la edad media de la clase si exceptuamos al maestro) con boina, bigote y sendas escopetas al hombro.
Sólo habla el maestro como ya hemos indicado.

—Esta mañana niños… Hay algo nuevo en el cole.
Me refiero a esos dos señores que hay ahí al fondo. Y hay algo nuevo que vosotros no podéis ver porque sois muy pequeños, pero que yo os voy a enseñar a ver porque es mi obligación. Quizás mi única obligación. Hoy hay en esta clase una falta absoluta de libertad—. Ahora el maestro se sienta en su silla delante de su mesa y les habla con voz cada vez más irritada y molesta.

—Esos dos señores, que no son niños, que no son yo mismo y a quienes he intentado impedir que entrasen en el aula, se han colado aquí y lo que es mucho más grave aun, me han exigido que os haga un examen para que ellos pueda calibrar cuál es el estado actual de vuestros conocimientos. Y después de todo esto os diré que pretenden, ¡ja! reíros conmigo niños, que la suya es una ocupación pa-cí-fi-ca del pueblo.
¡Qué mayor violencia que la que se ejerce contra el espíritu!

El maestro da un golpe seco con un libro polvoriento y muy voluminoso asustando a varios de los niños que están sentados en la primera fila. Con voz fuerte se pone a leer las preguntas del viejo libro.

—EXAMEN. Tomad notas de las preguntas.
Las ingles Su importancia geográfica. ¿Son verdad las ingles? Historia de las ingles. Las ingles en la antigüedad. Las ingles de los americanos. ¿Cómo hay que tocar las ingles? El ruido de las ingles. Las ingles más famosas. Las ingles y la literatura.Un tiro de ingles. Las ingles de los niños. Las ingles y la cabeza, relación si la hubiera. Las ingles en Andalucía… ¡y el clavel! Teoría general del Estado y las ingles. Las ingles negras. ¿Hay una ingle o hay muchas ingles? Las ingles de los actores. La Ingle y Dios. No ha nacido todavía la ingle que me domine. Las ingles descabaladas, su por qué. Las ingles putas. Dibujo a mano de las ingles. ¿Es carne la ingle? El jaque a la ingle. ¿Satisface hoy en día una ingle, qué ingle?
Contestad a las preguntas—. Concluye el maestro más calmado después de haber dictado las preguntas.

—¿Ha terminado usted ya?- pregunta uno de los señores del fondo.
—Si señor—. Le responde el maestro levantándose de su silla.
El guardia se acerca con calma a través del pasillo que se forma entre los pupitres de clase y le suelta una sonora ostia en la cara al maestro.

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Buscas hospedaje?

Se ve como se acerca una moto acompañada de un sidecar. La conduce un señor con bigote en su rostro, vestido de americana y pajarita. En el sidecar, de acompañante, va un señor algo más mayor que el piloto con un gorro de aviador y una chupa marrón.
El conductor frena su moto enfrente de gente que reconoce como nativa del pueblo. Al grupo que se acercan está compuesto por un guardia controlando una fila para entrar a un bar, en la fila hay alguna persona más guardando cola.

Inicia una conversación educadamente con un saludo el señor mayor con gorro de aviador y yendo de copiloto del conductor.

—Buenos días, ¿usted sabe dónde dan hospedaje en este pueblo?

Responde, con un ligero deje de acento catalán un guardia de la benemérita con su tricornio correctamente colocado.

—No hay fonda, eh, aquí todo lo que no sea casas particulares….
—Y entonces, ¿qué? —. Vuelve a preguntar el señor mayor montado en el sidecar.

El que ahora responde es un señor vestido de forma rústica.
—Y no le va a ser fácil, porque este es un pueblo de mucha cultura, de unas peculiaridades de gran valor, y de un folklore muy variado pero un pueblo muy cerrado, ¿sabe? Se tiene miedo de lo que venga de fuera, por lo que le pueda ocurrir a las mujeres, usted ya me entiende.

—Cuidado, que mi hijo es ingeniero y da clases en Oklahoma… —. Continúa el señor con gorro de aviador.

—Pues yo creo…. que me voy a sacar la chorra-. Concluye la conversación el señor con boina que se intuye como borracho del pueblo.

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