Archivo de Mayo de 2007
Una llamada para Lucho
Lucho se sentía acorralado en los baños públicos de los bares. Encerrado como una rata.
Antes no había sido así. Antes recordaba vagamente que había sido feliz.
Tenía un crío estupendo, que ya le hablaba y le llamaba papá. Una mujer cuya principal virtud era que le quería. Y así era su dicha, tan simple como la felicidad.
Un día le llamaron a su trabajo, a su hija la habían secuestrado. Nunca supo el motivo aunque estaba al tanto de las noticias. A su mujer, débil de salud se la llevó la pena.
Dejó de ir a su trabajo. Dejó de ir a su casa. Nada le importaba ni la lucha por su hija desaparecida hace ya por lo menos cuatro años.
Empezó a vagar, sin rumbo ni destino ya no hay trazo en el camino. Así se apartó de la sociedad y por lo tanto empezó la locura.
Sin rumbo llegó hasta el pueblo donde conoció a Bethie, aquella viuda loca, y en el tercer chupito aprendió que ella había leído las tripas del destino, y ese fue el último acto de consciencia de Lucho. Ahora baila con ella los días de luna llena, y desnudo igual que ella también se ríe de la existencia entera.
No soy pirata